Entre las fotos que guardaba Romy, mi abuela, encontré una serie de cuatro o cinco sacadas en un balcón; me emocionó mucho descubrir allí la primera fotografía de mi papá, en brazos de su madre.
Dado que nació el 29 de marzo de 1933, esta foto podría ser de abril, ya que el bebé no parece tener más de unos días de vida, a lo sumo semanas. El mismo bebé aparece en una fotografía fechada en julio del 33, con lo cual puedo deducir que es mi papá, y no su hermano Mario que nacería dos años después.
Otra foto en ese balcón tiene anotado en lápiz en su reverso "1929". Romy aparece más jovencita, junto con su prima Gioconda.
Contemplando estas imágenes siento que me traslado allí, que estoy entre ellos, y que ese instante capturado en la fotografía cobra vida. Es una magia sutil por la cual el presente se esfuma y mi espíritu se desliza inadvertidamente, como por una especie de tobogán, hacia el pasado.
Evidentemente ese fue el primer departamentito donde vivió la flamante familia de Pio Murgia y Romy. ¡Se parece tanto al balcón de mi propio departamento, el que compramos cuando nos casamos con Soledad! Hasta el edifcio de enfrente se parece. Sólo que ellos vivían en Turín, y nosotros en Buenos Aires.
Tío Mario recordaba que el departamento de Torino estaba en un segundo piso de la calle Garibaldi, y me había pasado un número de casa (¿33?) que anoté en un papel que luego perdí. Estaba cerca del Cine delle Alpi, y de la iglesia de San Dalmazzo, donde los dos hermanos tomaron la primera comunión.
De pronto se me ocurrió que por la forma de la reja, y por las ventanas que se ven enfrente, tal vez fuera posible localizar el balcón en Google Maps.
¡Google Maps! ¡Todo lo que pueda decir de esta maravillosa aplicación es poco! Soy capaz de pasarme horas recorriendo la geografía mundial en mi laptop. Sigo asombrándome de que exista algo así.
Aterricé virtualmente en Turín, me lancé como un ave de presa en picada sobre la calle Garibaldi, y comencé a buscar la casa. El estilo de la verja del balcón de Romy es muy parecido a otros balcones del barrio, evidentemente cada ciudad tuvo sus estilos, sus escuelas de herrería particulares... Pero yo quería descubrir el exacto modelo de verja que se ve en la foto. ¿Estaría aun en pie, después de 90 años?
¡Google Maps! ¡Todo lo que pueda decir de esta maravillosa aplicación es poco! Soy capaz de pasarme horas recorriendo la geografía mundial en mi laptop. Sigo asombrándome de que exista algo así.
Aterricé virtualmente en Turín, me lancé como un ave de presa en picada sobre la calle Garibaldi, y comencé a buscar la casa. El estilo de la verja del balcón de Romy es muy parecido a otros balcones del barrio, evidentemente cada ciudad tuvo sus estilos, sus escuelas de herrería particulares... Pero yo quería descubrir el exacto modelo de verja que se ve en la foto. ¿Estaría aun en pie, después de 90 años?
Tres horas invertí paseando virtualmente por la calle Garibaldi. La búsqueda alternaba largos momentos de tedio con repentinos hallazgos que parecían prometer mucho, pero que tras un detenido análisis se revelaban falsas pistas. El número 33 tenía balcones parecidos, pero no iguales. Los edificios del resto de la cuadra, de uno y otro lado, tampoco. Los de la cuadra siguientes para ambas direcciones, tampoco. Tal vez el recuerdo de Mario fuese de otro departamento distinto, de años después (él tomó su primera comunión en 1948, y en el 49 se habían ido a la Argentina).
Cuando ya estaba por desistir, de pronto di con un edificio que tenía balcones muy del estilo del que buscaba.
¡Tenía que ser! ¡Pero había un detalle en el frente del balcón que faltaba en el de la foto de Romy!
Mis ojos recorrieron ansiosos el resto de los balcones, y allí lo vi, uno al que le faltaba la parte interna del centro. ¡El del segundo piso, el balcón de la esquina! Allí está mi balcón, esperándome en Torino desde 1933, con su parte faltante ya desde esa época, para que yo pueda reconocerlo.
Lo que se ve en la vereda de enfrente coincide perfectamente con las ventanas que podemos ver en las fotos de Romy:
¿No es una razón suficiente para planear un viaje y conocer en persona ese lugar tan entrañable?
Del año 33 paso al 1997. Me pregunto qué secreto impulso me llevó a pedirle a mi papá que se pusiera a contraluz junto al balcón, con Sofi, la nieta recién nacida, entre sus brazos. No puedo dejar de ver en esta foto un reflejo de la otra. Allí quedó ese instante, como aquel, capturado para siempre, y ese bebé, después de vivir las desgracias de la guerra, cruzar los mares, formar una familia y ver crecer a sus hijos, tiene en brazos otra esperanza que nace, en un balcón que se asoma a otro igual del otro lado del mundo y del tiempo.





